16 de junio de 2014

Capitulo 20: Intervención peligrosa


[En algún lugar lejano y desconocido…]



La extraña figura del hombre acorazado habla con alguien que viste una toga negra y una extraña mascara con pico de pájaro, a la usanza de los médicos medievales.



Hombre acorazado: Ese estúpido de Snider. No sé que pretende pero está jugando demasiado a su manera.



El extraño tipo de pico de pájaro hace una reverencia casi sin moverse de su oscuro rincón.



???: No se preocupe señor, -dijo con voz ronca- me encargaré personalmente de investigar todo lo que está pasando en Japón.



Hombre acorazado: Es toda una molestia que tengas que dedicarte a una cosa tan simple teniendo tareas más importantes que desempeñar.



El tipo reverencia nuevamente al hombre acorazado y se da la vuelta alejándose lentamente mientras le dedica unas últimas palabras a su señor.



???: Terminaré esta sencilla tarea rápidamente y volveré para continuar con mi labor de erradicación.



El tipo de pico de pájaro abandona la habitación y el hombre acorazado comprueba unos archivos en un moderno ordenador.



Hombre acorazado: Esos hermanos siempre me dieron problemas, su propio padre me los dio.  Ese idiota ha matado a los dos cancilleres de Rusia y América detonando un tren de pasajeros. Más te vale no estar planeando nada descabellado Snider Fox, o lo lamentaras profundamente, al igual que lo hizo tu padre.



[Tokio, Japón]



El equipo había pasado la noche en la herrería, los primeros rayos de sol entraban por las deterioradas ventanas.



Rodi: Donde diantres habrá buen material, quiero reparar mis katanas.



Rodi rebusca por varios baúles de la planta baja de la herrería. El polvo le hace estornudar.



Alfred: Vamos Rodi, no pierdas el tiempo con eso. Tardaremos menos en ir a tu casa a por otras.



Rodi se acerca Alfred enfurruñado.



Rodi: ¿Crees que estos son meros objetos reemplazables? Cada una de mis espadas tiene vida propia –acaricia la katana- no puedo simplemente dejarlas así.



Alfred: Psch, creo que será más fácil de reparar que tu cabeza… -dice en voz baja -



Rodi mira cabreado a Alfred.



Mientras tanto Kurogawa descansa junto a Ninette mirando la piedra turquesa que su madre le entrego hace tiempo.



Kurogawa: Me pregunto donde encontraría esta piedra mi madre. 



Ninette: -sostiene su rosario- Artefactos arcanos, estos objetos parecen hechos para los médiums.



Kurogawa: Si, unos objetos supuestamente milenarios que encajan con nuestros poderes. Tu rosario ya ha demostrado parte de su poder, pero  me pregunto qué hará esta piedra en concreto. –Dice mientras sigue mirando su piedra.-



Ninette: No le des más vueltas Hiromu, ya lo averiguaremos.



Rodi se aproxima a ellos con la katana remendada con varias gomas.



Rodi: Haz caso a Ninette. Preocúpate mejor por saber qué diantres te pasó antes. No parecías el mismo. Me hubiese dado miedo estar en el pellejo de Snider.



Alfred: Es cierto Hiromu, tu piel se torno pálida y grisácea, además de esos ojos azules y reptilianos.



Kurogawa guarda la piedra en un bolsillo interior de su negra chaqueta y se mira las manos.



Kurogawa: Sentí una enorme fuerza, similar a cuando Redmond me disparó aquella bala de aerotitanio.



Rodi: La bala de aerotitanio ¿Pero no dijo que ese material se diluía en la sangre? Ha pasado tiempo ya no debería quedarte rastro del metal como tal.



Kurogawa: Redmond dijo que yo no era como los demás, además esa insistencia por dispararme la bala. –Mira a Alfred- Las primeras veces no había motivo, puesto que el único peligro al que estábamos enfrentándonos era él mismo con su persecución y disparos.



Alfred: Eso es cierto, si quería ayudarte realmente ¿Por qué no se acercó simplemente?



Ninette: Hiromu-kun, tengo cierta información sobre el aerotitanio que tal vez te interese conocer.



Kurogawa mira a Ninette interesado.



Kurogawa: ¿Qué clase de información?



Ninette: En una de mis misiones me infiltre en un laboratorio clandestino. Parecía pertenecer al gobierno, pero no estaba del todo segura. El caso es que estaban experimentando con aerotitanio. Los conejillos de indias eran humanos, prisioneros que nadie echaría de menos para ser exactos. En esos crueles experimentos les inyectaban aerotitanio y los sometían a fuertes esfuerzos físicos y psíquicos, incluso emocionales. Al ponerlos en ese estado algunos se volvían locos y terminaban mal, pero otros conseguían encauzar su agresividad.



Rodi: Extraño cuanto menos, ¿Qué pretenderían con eso?



Ninette: Lo extraño es que cuando se calmaban volvían a someterlos a las mismas pruebas, pero sin inyectarles previamente la dosis del metal diluido.



Alfred: ¿No se supone que una vez diluido del todo pierde su eficacia?



Ninette: Eso parece, pero lo raro es que aunque la mayoría acababa desmayados en incluso muertos, otros volvían a ser capaces de desatar el poder.



Rodi: Tal vez su sangre aun no había diluido del todo el metal.



Ninette: Eso me lleva a pensar que el metal no reacciona igual en todos los tipos de sangre.



Kurogawa: Disolución lenta. –dice serio-



Rodi: ¿Estas queriendo decir que tu sangre diluye lentamente el aerotitanio?



Kurogawa: Posiblemente, pero eso no responde al hecho de mi cambio físico. La otra vez, cuando tenía la bala recién disparada no experimenté ningún cambio físico, solo potencié mis habilidades.



Rodi: Realmente es extraño. Si pensamos en lo que nos ha dicho Ninette sobre esos experimentos emocionales… puede que tu estado emocional haya influido en ese cambio.



Kurogawa: Si, es muy probable. –dice mientras mira a Ninette que responde sonrojándose ligeramente.-



Rodi: Hiromu, será mejor volver a casa. Tenemos que reponer fuerza y armamento.



Alfred: Rodi tiene razón, no sabemos dónde ha podido ir Snider. Además Tokio no parece un sitio seguro ahora mismo.



Kurogawa se levanta del suelo y tiende la mano a Ninette para que se levante.



Kurogawa: Esta bien, volvamos a casa. Tal vez allí encontremos alguna pista del paradero de Snider.



El equipo se asoma por la puerta de la herrería. La calle parece estar medio vacía, pero se puede escuchar jaleo proveniente de las avenidas principales.



Ninette: ¿Como pretendes que volvamos Hiromu-kun?, todos los trenes deben estar vigilados.



Kurogawa: Tendremos que hacernos con algún medio de transporte.



Alfred: Estupendo, ¿alguien sabe conducir?



Rodi: Bueno Alfred, tú has demostrado  tus dotes de maquinista una vez. –le dice sarcásticamente-



Alfred: Preferiría llegar con vida…



Kurogawa: No podemos arriesgarnos a que nos reconozcan en un medio público. Lo idóneo sería un coche.



Rodi: Mirad, allí hay varios coches aparcados.



Ninette: ¿Pretendes robar un coche?



Rodi: ¿Que hacemos si no princesita?, si quieres llamamos al concesionario y preguntamos por las ofertas.



Ninette mira molesta a Rodi con los mofletes hinchados.



Alfred: Dejad la discusión, podemos usar uno de esos.



Alfred señala a unos aparcamientos mixtos.



Kurogawa: Mmm… podría resultar.



[Horas más tarde por una camino de tierra…]



Nuestros héroes pedalean montados en una bicicleta familiar de cuatro plazas.



Rodi: ¡Qué vergüenza!,-dice cabreado- yo el gran Rudolph montado en esto, si me viese mi desconocido padre…



Alfred: Vamos tito Rodi, si te estás divirtiendo más que nadie jajajaja.



Rodi: Tsch…



Ninette: Y yo con mi vestido levantado para poder pedalear, no mires Hiromu-kun –dice sonrojada mientras le tapa los ojos.-



Kurogawa: ¡Ah pero no me tapes que nos la pegamos!



Alfred: No os quejareis de mis ideas eh jajajaja con esto estaremos en casa sin ser descubiertos, además de lo sano que es hacer ejercicio.



Rodi: Ya te daré yo ejercicio cuando lleguemos… -Le mira cabreado.-



Kurogawa: A este ritmo tardaremos tiempo en llegar. Tal vez debamos parar a medio camino.



El tiempo pasa y el equipo decide parar a descansar en una vieja cabaña de campo.



Alfred: Este sitio parece abandonado.



La vieja cabaña de madera tenía al lado unas pequeñas estatuas de piedra y un pozo que carecía de cubo.



Rodi: Al menos aquí podremos descansar un rato, no hay ninguna ciudad en los alrededores así que deberíamos estar más seguros que en una urbe.



Kurogawa se acerca a la puerta de la cabaña mientras los demás descansan un poco más allá.



Kurogawa: *No sé si debería abrir esta puerta. Parece abandonado pero no deja de ser una propiedad privada.*



Mientras Alfred, Ninette y Rodi hablan tranquilamente.



Alfred: Y así es como se hace una paella de mi tierra.



Rodi: Suena bien, pero seguro que no has probado una salchicha alemana en condiciones. –Le dice orgulloso de si mismo.-



Alfred: No se cómo tomarme eso… -Mira consternado ante el doble rasero de su afirmación.-



Rodi: Eh, ¿por quién me tomas? Me refiero a las salchichas de mi tierra joder. –Aclara con ímpetu.-



Ninette observa a Hiromu desde lejos y ve como entra en la cabaña. Sin pensárselo mucho se levanta y se dirige a entrar donde Hiromu.



Hiromu parecía meditar dentro de la cabaña.



Ninette: ¿Todavía estas dándole vueltas a lo de antes?



Kurogawa: No exactamente, estoy pensando cómo proceder ahora.



Ninette: Bueno vamos a casa a pensar en eso precisamente ¿no?



Kurogawa: Si, pero me pregunto si de verdad podre seguir llevando esta carga auto impuesta. Snider ha escapado con el orbe, no he podido terminar mi misión.



Ninette: Te equivocas Hiromu, el edificio de la Titanium Mind en Tokio está totalmente destruido. Tu misión está concluida en ese aspecto. Y bueno… -toma la mano de Hiromu- has conseguido que salgamos todos vivos de allí, eso era uno de tus objetivos ¿verdad?



Kurogawa: Si –sonríe a Ninette- tienes razón.



Kurogawa mira por la ventana rota de la cabaña y observa a Rodi y Alfred.



Kurogawa: Supongo que debo estar feliz por esa parte. Pero no debemos dormirnos en los laureles. Además, no sé si ese tipo, Redmond estará bien.



Ninette: No sirve de nada preocuparte por eso ahora, debes centrarte en tu misión en lo que tienes delante.



Kurogawa mira a Ninette pensativo y se aproxima a ella. Este le acaricia la cara haciéndola sonrojar para después darse la vuelta y dirigirse a la salida de la cabaña.



Kurogawa: Será mejor volver a los pedales, no quiero que tardemos más de un día en regresar.



Ninette sigue a Kurogawa y se aproximan a donde se encuentran Rodi y Alfred.



Alfred: ¿Ya se acabó el descanso?



Kurogawa: No te preocupes Alfred, podemos ir a lo de Giuseppe cuando lleguemos a casa.



Alfred: Jajajaja ¡eso me gusta!



El equipo se vuelve a montar en la bicicleta y continúa su trayecto.



[Yokohama]



Esta anocheciendo y nuestros héroes llegan finalmente a su ciudad.



Alfred: Al fin en casa, ya os dije que esto sería coser y cantar.



Ninette: Estoy agotada, me gustaría cenar y darme un baño.



Kurogawa: Venid a mi casa, es muy tarde haremos noche allí y mañana comenzaremos las investigaciones y todo lo demás.



El equipo pedalea hasta la casa de Kurogawa, todo parecía tranquilo en la calle. Pero al llegar…



Kurogawa: ¡Cuidado!



Hiromu se detiene junto a los demás y se apean de la bicicleta.



Kurogawa: Las luces de mi casa están encendidas.



Alfred: ¿No vivías solo?



Rodi desenvaina su katana.



Ninette: Ten cuidado Hiromu-kun, si hay alguien le daremos una paliza.



Kurogawa: No sabemos quién puede ser, venid detrás de mí con cuidado.



Kurogawa abre la puerta con cuidado y entra en la casa. Alguien está en el salón. Con mucho cuidado todos se asoman y…



Kurogawa: ¡¿Mama?!



???: ¡Oh! Hola hijo, ¿ya has vuelto? Que susto me has dado. ¿Estos son tus amigos?



La mujer ataviada con un kimono tradicional japonés y un hermoso pelo largo, liso y negro sonríe amablemente a todos.



???: Hola chicos encantada, me llamo Luzdivina y soy la madre de Hiromu.




La madre de Kurogawa ha vuelto a casa justo en los momentos más críticos en Japón. ¿Qué hace allí?



Continuará… Capítulo 21: Recuerdos

1 comentario:

Yaiza dijo...

Me ha gustado mucho, lo de la bici ha sido gracioso xD
Y se nota la evolución de la relación entre los personajes *^*
Y el final INTERESANTE :3

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